El coronavirus tiene en alerta al mundo. Mientras las autoridades siguen buscando maneras de detenerlo, la epidemia sigue avanzando.

 

Hasta el 13 de febrero, a nivel global se han confirmado 46.997 casos en 25 países, de los cuales el 99% se han reportado en China, según cifras de la Organización Mundial de la Salud.

En China se han reportado 1.368 muertes a causa del virus.

Alrededor del mundo, la gente no parece tener claro cómo responder al pequeño número de casos detectados en sus propios países. La actitud del público varía entre el pánico -instigado por las fotografías del personal médico en trajes de materiales peligrosos- y la complacencia, motivada por los titulares que sugieren que el riesgo no es mayor que el de una gripe.

Las pruebas que llegan desde China sugieren que ambas respuestas son erróneas. La gripe estacional puede tener una tasa de mortalidad baja, medida en fracciones de un 1%, pero es un problema porque afecta a un gran número de gente alrededor del mundo.

La pequeña proporción que muere de los muchos, muchos millones que se contagian cada año aún se sitúa en los cientos de miles: una tragedia individual, un serio problema de salud colectivo.

Las estimaciones iniciales sugerían que el nuevo virus puede ser tan mortífero como la gripe; por ello precisamente se están poniendo tantos esfuerzos en detener su propagación, para evitar así que se convierta en otra pandemia.

Pero una nueva estimación apunta que podría ser aun más mortífero, provocando la muerte de hasta un 1% de las personas que se infectan.

Desde la perspectiva de un solo individuo, el riesgo sigue siendo menor, aunque cabe señalar que esas estimaciones son una media: igual que la gripe, los riesgos son mayores entre las personas mayores y aquellos que ya tienen otras dolencias.

 

Pero la experiencia de China en esta epidemia demuestra dos cosas.

Por un lado, ofrece una aterradora mirada a los potenciales efectos en el sistema sanitario de un aumento de las infecciones de este tipo de virus en grandes focos poblacionales: dos nuevo hospitales tuvieron que construirse en Wuhan en cuestión de días, con camas para 2.600 pacientes, y hoteles y estadios gigantes están siendo usados como centros de cuarentena, para casi 10.000 afectados más.

Pese a estos esfuerzos, muchos han tenido dificultades para encontrar tratamiento, con noticias sobre personas que han fallecido en sus casas y que no forman parte de las cifras oficiales.

Por otro lado, lo ocurrido subraya la importancia de tomarse extremadamente en serio la tarea de contener brotes de nuevos virus. La mejor estrategia, según coincide la mayoría de expertos, es aquella basada en la transparencia y la confianza, con buena información a disposición del público y acciones gubernamentales proporcionadas y a su debido tiempo.

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Fabiana-Benit
Sindicato Trabajadores